-Abuelita, cuéntame esa historia que tanto me gusta
- ¿Cual historia, mi niña?
- Esa en que casi te conviertes en princesa
- Ahhh, déjame que piense...
"Cuando yo era pequeña, vivía en una casa en medio de la montaña.
Era una bonita casa de piedra, y tenía un enorme campo alrededor, donde pastaban las ovejas, los gatos corrían de acá para allá intentando coger los polluelos del gallinero.
Todos los días iba a la escuela en mi burra, mientras mi padre nos enseñaba poemas, durante casi 5 kilómetros, para que se nos hiciera más ameno.
Mi padre era un hombre muy importante, pues trabajaba para el Rey, en el Gran Palacio.
Él se encargaba de hacerle, si cabe, la vida mas fácil en Palacio "ayuda de cámara" era su cargo.
Él era un hombre muy humilde, con un corazón enorme, dividido en cuatro partes iguales entre sus tres hijos y su esposa. Amaba a su familia por encima de todas las cosas, pero yo, su niña mayor, era su ojito derecho, y se encargó de que nunca me faltase de nada.
Hubo un día, en que cumplí 12 años, llegué a la escuela y el ambiente estaba cargado de una emoción que no alcanzaba a descifrar.
Era el día en que la hermana del Rey venía a visitar a las niñas de la escuela. Todas mis amigas estaban emocionadas porque había corrido el rumor de que la Princesa quería amadrinar a una niña para darle estudios y formarla, ya que ella no había sido bendecida con la maternidad, a pesar de que adoraba a los niños y habría sido una madre excelente, pues cualidades no le faltaban.
Dieron las 10 las campanas de la Iglesia, y yo, lo recuerdo como si fuese ayer, estaba en el patio sentada leyendo un libro de poemas, mientras mis compañeras saltaban a la cuerda.
En ese momento se hizo un silencio y por la puerta delantera entro la Princesa Todas nos pusimos en fila, y una a una fuimos haciendo la reverencia que nos habían enseñado.
Ella se detuvo ante mi y solo basto una mirada. Nada mas. Me sonrió, yo me sonrojé,y con el rubor en mis mejillas le dije " buenos días, alteza".
Dedicó el resto de la mañana a hablar con las monjas del colegio, y a pedir referencias, pero ella ya había elegido su "amadrinada".
Me lo comunicaron después de almorzar, la Princesa se había quedado prendada de mi pelo cobrizo y mis pecas,mi sonrisa y algo que ellas no habrían podido ni adivinar, esa conexión que hubo entre nosotras.
Llegué a casa muy contenta porque veía que mi futuro empezaba a labrarse, me imaginé una vida en la ciudad, en un palacio con enormes estanterías, llenas de libros donde perderme..."
-Abuelita ¿ y que pasó? ¿por qué no fuiste con la Princesa?"
-Verás, pequeña, no todas las historias de princesas acaban en palacio, y el destino es muy caprichoso.
"... Cuando mi padre se enteró no mencionó palabra. Pasaron dos días y dos noches sin que mi padre dijese nada acerca del tema, y yo seguí con mi sueño de cuento de hadas. Al tercer día, mi padre, muy serio me dijo de camino a la escuela
-Verás, hija, yo te quiero mucho, te he dado una buena educación y te he entregado todo lo que tengo.
Sé que eres muy inteligente, y que tienes ante tí una oportunidad irrechazable, pero, no puedo permitir que mi hija mayor se vaya a la ciudad y perderte para siempre, no me lo perdonaría nunca".
Me quedé paralizada, sin palabras, mi corazón se paró un segundo y mi mente se quedo en blanco, todo mi sueño, mi futuro, anulado por el temor del hombre que mas me había querido, mi padre, un hombre humilde y sencillo, estaba siendo egoísta por primera vez en su vida.
Mis lloros y reproches no sirvieron de nada, mi padre se encargó de hablar con la Princesa y agradecerle enormemente su propuesta, pero no podía aceptarla.
Yo me sumí en un mundo gris y sin esperanza, veía que iba a pasar el resto de mi vida entre vacas y gallinas, y no entre libros y maquinas de coser, como yo había soñado"
- Que triste, abuela, que todo se quedase en un sueño
-Ya, cielo, pero a veces, necesitamos dejar pasar el tiempo, y ver que las cosas pasan por algo.
Pasaron cuatro largos años en que yo me convertí en una mujer, estaba a punto de empezar la guerra, y yo decidi que era mi momento. Por los contactos de mi padre conocí a un Marqués que tenía dos mellizas, y buscaban una nodriza que se encargase de su instrucción. Me contrataron y desde entonces, pasé casi 10 años recorriendo el país, incluso pasamos largas temporadas en África.
Al volver a mi pueblo, me casé con tu abuelo, nos fuimos a vivir a la ciudad, formamos una familia...
- Y tuvistes a Papa y el a mí, y por eso estoy yo contigo hoy, ¿verdad, abuelita?
- Claro que si, mi niña, pero, ¿te cuento un secreto?
- ¡Si!
Tu siempre serás mi princesa.